Acompañamiento musical para el microrealato
Era la primavera de 1978, y yo regentaba un club de Jazz en Shibuya. Era un local oscuro, discos de Miles Davis y Pops decoraban las paredes de ladrillo, y el agudo sonido del saxofón y las ásperas voces, sonaban por encima del tintineo del hielo en las copas de Cutty Sark. Habitado por la más extraña clientela, la mayoría de ellos seres solitarios que buscaban en el Jazz una vía de escape a su monótona vida diaria. Aunque no todos eran así, ni mucho menos, aun me acuerdo de aquel joven. Como se llamaba? No lo recuerdo.
Solía sentarse en la barra, cerca de la puerta, y después del segundo Bombay Sapphire me explicaba alguna de sus increíbles aventuras...
El espíritu del Sr. Vallejo sobrevuela los cielos, acechando a alguna víctima, sobre que afortunado se posara hoy y le hará vivir alguna absurda noche?
sábado, 22 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Gran exclusiva: El pasado del misterioso Señor Vallejo (incluye sordidas imagenes)
El Sr.Vallejo abrió un periódico. Era un periodicucho de esos que hace años regalaban en eso que se llamaba tren. Este tomaba por nombre las cadenas de ácidos desoxirribonucleicos que forman el organismo. Pero este que ahora ojeaba en particular era especial para el.
En sus años de juventud, el Sr.Vallejo fue un intrépido personajillo en busca de la verdad. Siguiendo la máxima la verdad está ahí fuera, salia a la calle con una gabardina, un bloc de notas y un magnetófono (en realidad era un móvil, en la tienda le dijeron que eso de las cintas ya no se llevaba). Tan pintoresca apariencia se veía realzada por un sombrero color beige, un paquete de cigarrillos siempre lleno (ya que el señor Vallejo nunca ha fumado) y una petaca, con ginebra o whiskey, dependiendo la ocasión. Llego a escribir artículos en los mayores periódicos del país (pues el era un periodista frilans) y cogió cierto renombre en el sector. No gano un Pulitzer, pero una vez... Pero esto es harina de otro costal.
Este periódico que ahora el hojeaba, fue el detonador de su futuro en el oficio de las verdades a medias. Y todo empezó con una carta al director, la primera que le publicaron.
Después de contemplarlo, en su rostro se dibujo una sonrisa de oreja a oreja de orgullo.
- Se lo voy a enseñar a mi nieto.
Y a su nieto (que ahora mismo sois todos vosotros) le enseño esto:
Carta que envío el Sr. Vallejo, cuando aun no era tal, al director:
Tecnofobia
El pasado 6 de mayo leí una carta al director en este diario que cargaba en contra de la informática y la construcción de metros automáticos ya que las redes son poco seguras. Esto me recuerda a aquellos que dicen que no confiarían sus vidas a una maquina, después de haberse levantado al son del despertador, afeitado con una maquinilla eléctrica, duchado con agua caliente, llamado por teléfono, e ido a trabajar con coche. Más un largo etcétera. Los humanos vivimos en una sociedad que se levanta sobre maquinas y cada vez esto ira en aumento. Pero esto no es malo, todo lo contrario. En el antiguo Egipto necesitaban décadas y miles de operarios para levantar las pirámides. Actualmente gracias a grúas, y otras maquinas, se podrían construir con muchísimos menos operarios y en unos poco años. No hay que combatir a las maquinas, ya que son el futuro. Hay que adaptar la sociedad a ellas, sobretodo a las redes. Y si hay problemas de seguridad arreglarlos. Estas opiniones me recuerdan cada vez más a la ley sinde. ¡Eso si que da miedo!
La carta publicada es la siguiente:

Como se lee muy bien, no creo que sea necesario transcribirlo. Solo quejarme de que recortaran lo de la ley sinde. Pero mi jubilo es considerable.
P.D: La sonrisa de orgullo, es mia, y estoy orgullosisimo. Es una tonteria, pero creo que me entendereis.
P.P.D: Los personajes y lugares que aparecen en esta historia son fruto de la imaginación del escritor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Quiero dar las gracias por las fotos y el chivatazo a Javi, compañero y amigo de la uni. Venga, que queda poco curso.
En sus años de juventud, el Sr.Vallejo fue un intrépido personajillo en busca de la verdad. Siguiendo la máxima la verdad está ahí fuera, salia a la calle con una gabardina, un bloc de notas y un magnetófono (en realidad era un móvil, en la tienda le dijeron que eso de las cintas ya no se llevaba). Tan pintoresca apariencia se veía realzada por un sombrero color beige, un paquete de cigarrillos siempre lleno (ya que el señor Vallejo nunca ha fumado) y una petaca, con ginebra o whiskey, dependiendo la ocasión. Llego a escribir artículos en los mayores periódicos del país (pues el era un periodista frilans) y cogió cierto renombre en el sector. No gano un Pulitzer, pero una vez... Pero esto es harina de otro costal.
Este periódico que ahora el hojeaba, fue el detonador de su futuro en el oficio de las verdades a medias. Y todo empezó con una carta al director, la primera que le publicaron.
Después de contemplarlo, en su rostro se dibujo una sonrisa de oreja a oreja de orgullo.
- Se lo voy a enseñar a mi nieto.
Y a su nieto (que ahora mismo sois todos vosotros) le enseño esto:
Carta que envío el Sr. Vallejo, cuando aun no era tal, al director:
Tecnofobia
El pasado 6 de mayo leí una carta al director en este diario que cargaba en contra de la informática y la construcción de metros automáticos ya que las redes son poco seguras. Esto me recuerda a aquellos que dicen que no confiarían sus vidas a una maquina, después de haberse levantado al son del despertador, afeitado con una maquinilla eléctrica, duchado con agua caliente, llamado por teléfono, e ido a trabajar con coche. Más un largo etcétera. Los humanos vivimos en una sociedad que se levanta sobre maquinas y cada vez esto ira en aumento. Pero esto no es malo, todo lo contrario. En el antiguo Egipto necesitaban décadas y miles de operarios para levantar las pirámides. Actualmente gracias a grúas, y otras maquinas, se podrían construir con muchísimos menos operarios y en unos poco años. No hay que combatir a las maquinas, ya que son el futuro. Hay que adaptar la sociedad a ellas, sobretodo a las redes. Y si hay problemas de seguridad arreglarlos. Estas opiniones me recuerdan cada vez más a la ley sinde. ¡Eso si que da miedo!
La carta publicada es la siguiente:

Como se lee muy bien, no creo que sea necesario transcribirlo. Solo quejarme de que recortaran lo de la ley sinde. Pero mi jubilo es considerable.
P.D: La sonrisa de orgullo, es mia, y estoy orgullosisimo. Es una tonteria, pero creo que me entendereis.
P.P.D: Los personajes y lugares que aparecen en esta historia son fruto de la imaginación del escritor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Quiero dar las gracias por las fotos y el chivatazo a Javi, compañero y amigo de la uni. Venga, que queda poco curso.
jueves, 6 de mayo de 2010
La increible historia de Renji, el muñeco que se queria morir
Había una vez, un muñeco que vivía en un pequeño piso de la ciudad condal. Lo había comprado una niña muy dulce que se llamaba Mimi-Chan. Estaba rodeado de amigos y amigas todos muy felices que se lo pasaban muy bien. Pero el se quería morir. Y repetía una y otra vez con voz muy triste y cansada: "Me quiero moriiiir....".
Mimi-chan, que no destacaba por su inteligencia, no se percataba de ello así que siguió tratándole como otro muñeco más. Le maquillaba, le ponía ropas raras y decía que era gay. Después se dedicaba a enseñárselo a sus "amigas" que le mentían piadosamente diciendo que le había quedado muy cuco. Y el pobre muñeco volvia a repetir para sus adentros: "Me quiero moriiiiiir...."
Mimi-chan, que tampoco destacaba por su pudor, se cambiaba de ropa en la misma habitación delante de los ojos del atónito Renji, que sin tendones ni músculos no podía girar la cabeza. Aclaremos que Mimi-Chan tampoco destacaba por su gracilidad, ni belleza, naturales. Y el pobre Renji repetía: "Me quiero moriiiiiiir...."
Un día, Mimi-chan lo saco de casa y el bueno de Renji pensó, ha llegado mi oportunidad, con un poco de suerte me caigo de la maleta y me atropella un coche, o me pierdo, o unos boixos nois pegan una paliza a la gorda por llevar muñecas y me consigo morir. Pero no corrió esa suerte, llegaron bien a su destino y se juntaron con otros muñecos y muñecas y otras y otro coleccionistas y Renji pensó: "Me quiero morir...."
Para rematar el día, un grupo de jóvenes que acompañaba a los locos de las muñecas pero que parecía que no mostraban el mismo interés por estas se dedicaron a cogerle y a reírse de el, diciendo que se quería morir, pero era verdad, así que Renji pensó: "Hummm, que hambre, ¿quedaran tortitas en casa?"
Al final, Renji volvió a casa, y nunca, nunca, nunca, se murió.
FIN!
El señor Vallejo levanto la vista del libro y no pudo evitar que se le cayera una lagrimilla por el pobre muñeco. Lo que había tenido que aguantar. Pero no solo se quedo ahí.
No se sabe aun como, se cree que a trabes de mensajes ocultos entre las palabras del libro, encontró la casa de Mimi-chan. Se vistió con un traje de camuflaje y consiguió un equipo de escalada completo, un diamante de ferretería, unas ventosas, unas zapatillas Michael Jordan especial, un arnés y un paquete de chicle, dispuesto a liberar al pobre Renji.
Al final la misión fracasó, se quedó dormido en el bus.
P.S: Los personajes y lugares que aparecen en esta historia son fruto de la imaginación del escritor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Mimi-chan, que no destacaba por su inteligencia, no se percataba de ello así que siguió tratándole como otro muñeco más. Le maquillaba, le ponía ropas raras y decía que era gay. Después se dedicaba a enseñárselo a sus "amigas" que le mentían piadosamente diciendo que le había quedado muy cuco. Y el pobre muñeco volvia a repetir para sus adentros: "Me quiero moriiiiiir...."
Mimi-chan, que tampoco destacaba por su pudor, se cambiaba de ropa en la misma habitación delante de los ojos del atónito Renji, que sin tendones ni músculos no podía girar la cabeza. Aclaremos que Mimi-Chan tampoco destacaba por su gracilidad, ni belleza, naturales. Y el pobre Renji repetía: "Me quiero moriiiiiiir...."
Un día, Mimi-chan lo saco de casa y el bueno de Renji pensó, ha llegado mi oportunidad, con un poco de suerte me caigo de la maleta y me atropella un coche, o me pierdo, o unos boixos nois pegan una paliza a la gorda por llevar muñecas y me consigo morir. Pero no corrió esa suerte, llegaron bien a su destino y se juntaron con otros muñecos y muñecas y otras y otro coleccionistas y Renji pensó: "Me quiero morir...."
Para rematar el día, un grupo de jóvenes que acompañaba a los locos de las muñecas pero que parecía que no mostraban el mismo interés por estas se dedicaron a cogerle y a reírse de el, diciendo que se quería morir, pero era verdad, así que Renji pensó: "Hummm, que hambre, ¿quedaran tortitas en casa?"
Al final, Renji volvió a casa, y nunca, nunca, nunca, se murió.
FIN!
El señor Vallejo levanto la vista del libro y no pudo evitar que se le cayera una lagrimilla por el pobre muñeco. Lo que había tenido que aguantar. Pero no solo se quedo ahí.
No se sabe aun como, se cree que a trabes de mensajes ocultos entre las palabras del libro, encontró la casa de Mimi-chan. Se vistió con un traje de camuflaje y consiguió un equipo de escalada completo, un diamante de ferretería, unas ventosas, unas zapatillas Michael Jordan especial, un arnés y un paquete de chicle, dispuesto a liberar al pobre Renji.
Al final la misión fracasó, se quedó dormido en el bus.
P.S: Los personajes y lugares que aparecen en esta historia son fruto de la imaginación del escritor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Capitulo uno: Trabajo de oficina
Estaba un poco deprimido, mire por la ventana y vi nevar, parecia como si mis sentimientos se hubieran visto reflejados en aquellos copos de nieve. Pense que era mejor dejar de pensar en ello e intentar animarme un poco, ya escuchaba a los compañeros riendose y diciendo que creo en el amor, sobretodo el Sr. Vallejo, viejo verde... Solte un largo suspiro. Habia que joderse.
Segui con el trabajo, tenia que rellenar unos informes, siempre lo dejaba para el ultimo momento. Siempre habia odiado ese tipo de trabajo, por eso no estudie como debia, y cuando entre en la academia me costo tela aprobar las teoricas, pero aqui estaba, después de todo no iba tan mal... Siempre tendria a los amigos.
Mire el reloj, ya era tarde, una media horita más de trabajo de oficina y me iria a casa. Una buena ducha caliente y a arreglarse, que esa noche tocaba party hard. En ese momento aparecio Susi, la secretaria:
-David, tienes que ir a la calle Miquel Biada...
-Joder, Susi, queda media hora para que me vaya a casa...
-Ha habido un asesinato.
Resople y me fui a poner la chaqueta. Joder que frio hacia, que tiempo haría en Obon?
Segui con el trabajo, tenia que rellenar unos informes, siempre lo dejaba para el ultimo momento. Siempre habia odiado ese tipo de trabajo, por eso no estudie como debia, y cuando entre en la academia me costo tela aprobar las teoricas, pero aqui estaba, después de todo no iba tan mal... Siempre tendria a los amigos.
Mire el reloj, ya era tarde, una media horita más de trabajo de oficina y me iria a casa. Una buena ducha caliente y a arreglarse, que esa noche tocaba party hard. En ese momento aparecio Susi, la secretaria:
-David, tienes que ir a la calle Miquel Biada...
-Joder, Susi, queda media hora para que me vaya a casa...
-Ha habido un asesinato.
Resople y me fui a poner la chaqueta. Joder que frio hacia, que tiempo haría en Obon?
martes, 4 de mayo de 2010
Prologo: Copos de nieve
Pepe se levanto de la cama con dificultad, miro el reloj, se paso una mano por la cara y después de permitirse 5 minutos de reflexión matutina sobre el cansancio se vistió lo mejor que pudo, que no era demasiado bien, y se tomo un café con leche frío que encontró por ahí encima. Como no quería recordar que ese café estaba hecho desde la semana pasada, no lo recordó.
Salio a la calle, hacia un poco de rasca y parecía que iba a llover. Le daba igual se pasaría todo el día metido en el tren. Era maquinista desde hacia 2 años, y no le iba mal. Era un tanto aburrido, pero tendría la jubilación asegurada. Que 43 años no son moco de pavo, ya no tenia edad, ni fuerzas, para enfrentarse a sus sueños. Aunque siempre le hubiese gustado ver mundo. Tenia una hija que acabaría siendo una gran medico y una mujer que hasta que su corazón aguanto fue una buena esposa...
Mientras pensaba en estas y otras cosas hoyo un ruido muy fuerte, un petardo, o algo así. Vio a gente gritar y agacharse, no le dio tiempo a ver mucho mas, Pepe se desplomo, con un reguero de sangre saliendo de su pecho.
Empezó a nevar sobre el cuerpo inerte de Pepe, y el plano se empezó a elevar dejando a un hombre tendido boca abajo con copos de nieve por encima que hacían contraste con el rojo de la sangre. La gente corría y gritaba, pero ya no se escuchaba nada.
Reflexiones del señor Vallejo.
El señor Vallejo es un hombre mayor, que ya ha vivido mucho y al leer esto, por mucho que sienta lastima por el pobre señor Pepe no puede parar de pensar en los maquinistas. Ese, como el los llama, atajo de estúpidos.
Así que se alegro de la muerte de este, y fue a comer un tentempié. Lastima que su hija estaba presente y le dijo: Nada de comer a deshoras, que te sube el colesterol...
pobre señor Vallejo...
Salio a la calle, hacia un poco de rasca y parecía que iba a llover. Le daba igual se pasaría todo el día metido en el tren. Era maquinista desde hacia 2 años, y no le iba mal. Era un tanto aburrido, pero tendría la jubilación asegurada. Que 43 años no son moco de pavo, ya no tenia edad, ni fuerzas, para enfrentarse a sus sueños. Aunque siempre le hubiese gustado ver mundo. Tenia una hija que acabaría siendo una gran medico y una mujer que hasta que su corazón aguanto fue una buena esposa...
Mientras pensaba en estas y otras cosas hoyo un ruido muy fuerte, un petardo, o algo así. Vio a gente gritar y agacharse, no le dio tiempo a ver mucho mas, Pepe se desplomo, con un reguero de sangre saliendo de su pecho.
Empezó a nevar sobre el cuerpo inerte de Pepe, y el plano se empezó a elevar dejando a un hombre tendido boca abajo con copos de nieve por encima que hacían contraste con el rojo de la sangre. La gente corría y gritaba, pero ya no se escuchaba nada.
Reflexiones del señor Vallejo.
El señor Vallejo es un hombre mayor, que ya ha vivido mucho y al leer esto, por mucho que sienta lastima por el pobre señor Pepe no puede parar de pensar en los maquinistas. Ese, como el los llama, atajo de estúpidos.
Así que se alegro de la muerte de este, y fue a comer un tentempié. Lastima que su hija estaba presente y le dijo: Nada de comer a deshoras, que te sube el colesterol...
pobre señor Vallejo...
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